Un verdadero enigma: el rostro que apareció dentro de un terrón de tierra
- ATH

- 3 ago
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Un estudiante de ingeniería levantó del suelo lo que parecía un simple pedazo de barro. Dentro había un rostro de casi tres mil años que hoy se exhibe en el Museo de Israel y que nadie ha logrado identificar.
En julio de 2017, en lo alto de la cima de Tel Abel Beth Maacah, en el norte de Israel, un equipo formado por la Universidad Azusa Pacific y la Universidad Hebrea de Jerusalén excavaba los restos de lo que podría haber sido una antigua ciudadela de la época de los reyes israelitas. El trabajo avanzaba con los hallazgos normales de una temporada de campo. Una habitación mostraba evidencia de actividad metalúrgica. Otra entregó un recipiente de almacenamiento fenicio elaboradamente decorado. Y en la habitación más al este del sector, Mario Tobia, un estudiante de ingeniería de Jerusalén, recogió un pequeño terrón de tierra de unas dos pulgadas.
Ese terrón disimulaba una de las piezas más comentadas de la arqueología bíblica reciente.
Un rostro de dos pulgadas
Lo que había dentro era una diminuta cabeza de loza que mide 2.2 por 2 pulgadas y que data de finales de la Edad de Hierro IIA, es decir, del siglo IX antes de Cristo. Pese a su tamaño, la pieza está trabajada con un nivel de detalle que sorprende: trenzas negras y brillantes peinadas hacia atrás desde una diadema pintada en amarillo y negro, una barba bien cuidada, ojos y pupilas en forma de almendra forrados de negro, y labios fruncidos que le dan una mirada en parte pensativa y en parte severa. La superficie acristalada está teñida de verde claro por la adición de cobre a la pasta de cuarzo.
Todo en ese rostro indica que el hombre representado era un personaje distinguido. Probablemente un rey. Aparentemente la cabeza se desprendió del cuerpo de una estatuilla que habría medido entre ocho y diez pulgadas de alto.
Por qué nadie sabe quién es
Aquí empieza lo interesante. Robert Mullins, Ph.D., arqueólogo principal en Abel Beth Maacah y director y profesor del Departamento de Estudios Bíblicos y Religiosos de Azusa Pacific, lo resumió así:
"A pesar de la apariencia pequeña e inocua de esta cabeza, nos brinda una oportunidad única de mirar a los ojos de una persona famosa del pasado; un pasado encerrado en el Libro de las Edades."
Y luego planteó el problema que le dio nombre a la pieza:
"Dado que la cabeza fue hallada en una ciudad que se encontraba en el límite de tres reinos antiguos diferentes, no sabemos si representa a los gustos del rey Acab de Israel, el rey Hazael de Aram Damasco o el rey Ethbaal de Tiro, gobernantes mencionados en la Biblia y en otras fuentes. La cabeza representa un verdadero enigma."
Esa es la clave geográfica del hallazgo. Abel Beth Maacah no era una ciudad cualquiera. Estaba situada justo en la zona fronteriza donde se tocaban tres poderes de la época, y por eso el rostro puede pertenecer legítimamente a cualquiera de las tres tradiciones. La arqueología entregó el objeto, pero no entregó el nombre.
Un sitio que la Biblia menciona de pasada
Abel Beth Maacah aparece varias veces en la Biblia hebrea, aunque siempre en menciones breves: 2 Samuel 20:14-22, 1 Reyes 15:20, 2 Reyes 15:29 y 2 Crónicas 16:4. Son referencias leves, casi al pasar, dentro de relatos mayores.
El sitio no había sido explorado hasta 1973, cuando el arqueólogo W. G. Dever condujo un primer sondeo del área. Recién en 2012 la Universidad Azusa Pacific y la Universidad Hebrea de Jerusalén iniciaron un estudio profundo y desde entonces las excavaciones han continuado. En 2015, por ejemplo, el equipo encontró un tesoro escondido dentro de una vasija que, tras los exámenes, fue datado al siglo XIII. Contenía una docena de joyas, entre ellas pendientes, una cuerda metálica retorcida y un lingote de plata.
Es decir, un lugar que la Escritura menciona en pocas líneas ha resultado ser un yacimiento con material de primer nivel.
De la excavación a la vitrina
La cabeza fue exhibida en el Museo de Israel en Jerusalén, en una exposición ubicada junto a la famosa inscripción "Casa de David" de Tel Dan. Allí gira lentamente sobre una base motorizada, lo que permite a los visitantes ver sus detalles desde todos los ángulos y reflexionar sobre su origen misterioso.
Los detalles sobre la estatuilla y su descubrimiento fueron presentados en el 44° Congreso Arqueológico Anual de la comunidad arqueológica israelí, en la Universidad Ben Gurión del Néguev, por la Dra. Naama Yahalom Mack de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Un artículo más detallado sobre la cabeza y las excavaciones actuales en Abel Beth Maacah estaba anunciado para la edición de junio de la revista profesional Near Eastern Archaeology. La excavación está autorizada por la Autoridad de Antigüedades de Israel y la Autoridad de Parques y Naturaleza de Israel, y en el sitio trabajan la Dra. Nava Panitz Cohen, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y el Dr. Robert Mullins, de Azusa Pacific University.
Lo que este hallazgo nos deja
Hay una lección de método en esta historia, y vale la pena decirla con claridad. La arqueología bíblica no funciona como funcionan los titulares. No apareció una cabeza con un nombre grabado que resolviera una discusión de un solo golpe. Apareció una pieza extraordinaria que abre preguntas y que obliga a trabajar con hipótesis, con contexto y con paciencia.
Para el pastor, el laico o el líder de una congregación local, ese matiz importa. Los descubrimientos arqueológicos en sitios bíblicos nos acercan a los lugares, las costumbres y los acontecimientos de los tiempos antiguos, y en ciertos casos nos dan respuestas. En otros casos nos dejan con más preguntas. Ambas cosas son ganancia, porque las dos nos ponen frente a la historicidad concreta del mundo en el que se movieron los personajes de la Escritura.
Un estudiante levantó un terrón de tierra y encontró un rey sin nombre. Casi tres mil años después, seguimos mirándolo a los ojos.
Contenido basado en la revista Nuestra Jornada, segunda edición, año 2018, de la Asociación Teológica Hispana.




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