Entre Babel y Pentecostés: migración y fe apropiada en una iglesia multicultural

Juventud híbrida: herencia y apropiación
Entre Babel y Pentecostés se mueve hoy la iglesia contemporánea. En un mundo marcado por la migración, nuestras congregaciones se han convertido en espacios inevitablemente multiculturales. Hijos de migrantes, bilingües y culturalmente fluidos, muchos jóvenes transitan entre tradiciones familiares, expectativas sociales y prácticas eclesiales que no siempre dialogan entre sí. En casa se preserva una historia; en la iglesia se recibe una fe frecuentemente entrelazada con una cultura específica.
Investigaciones del Fuller Youth Institute muestran que el 65 % de los adolescentes identifica a sus padres como la mayor influencia en sus creencias espirituales, superando ampliamente a los líderes religiosos (Fuller Youth Institute 2026, 10). La herencia importa. Sin embargo, como muestran Christian Smith y Melinda Denton, la religión adolescente tiende a reflejar la religión adulta, especialmente la parental, y suele vivirse de manera convencional más que como una convicción teológicamente articulada (Smith and Denton 2005, 170-171). La transmisión de fe puede generar continuidad, pero no necesariamente profundidad.
Las cifras sobre desvinculación juvenil refuerzan esta tensión: entre un 40 % y 66 % de jóvenes se distancian de la iglesia al entrar en la adultez (Powell, Griffin y Mulder 2016, 14; Earls 2025). La transmisión de fe es clave, pero no suficiente.
Por ello, aunque la herencia es decisiva, el discipulado no puede quedarse en la conservación. La tarea pastoral no es solo preservar la herencia, sino formar discípulos que internalicen el evangelio hasta convertirlo en convicción y lealtad consciente al reino. Como advierte Lucas Leys, "Dios tiene muchos hijos, pero nunca ha tenido un nieto" (Leys 2020, 26). En las nuevas generaciones la fe debe apropiarse.
Babel y Pentecostés: unidad sin homogeneidad
Génesis 11 presenta la uniformidad como proyecto humano: una sola lengua, una sola identidad. Babel simboliza la búsqueda de seguridad mediante homogeneidad cultural. En Hechos 2, en cambio, el Espíritu no elimina las lenguas: las llena de sentido. La unidad surge de no hablar igual, sino de confesar al mismo Señor.
Efesios 2 profundiza esta visión: Cristo "de ambos pueblos hizo uno [...] para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz" (Efesios 2:14-15). "Hizo uno" no significa homogeneizar. El muro que Cristo derriba no es la cultura, sino la hostilidad. La cruz no elimina la diferencia; elimina la enemistad que la convierte en división. La nueva humanidad en Cristo no es homogénea, sino reconciliada.
En la diversidad étnica y cultural del Mediterráneo, la iglesia primitiva repudió cualquier intento por crear comunidades monoculturales. Aun cuando Pablo enfrentó tensiones sociales en Corinto, su respuesta no fue formar grupos separados, sino neutralizar los efectos divisivos de hábitos distintos (1 Corintios 11). La inclusión cultural no era solo una convicción teológica, sino también un testimonio visible ante el mundo: separar comunidades por cultura habría debilitado esa visibilidad (Martínez y Branson 2012, 45-46).
Apocalipsis 7:9 confirma esta trayectoria: una multitud de toda nación, tribu y lengua adorando al Cordero. La unidad escatológica no borra la pluralidad: la armoniza. La migración produce multiculturalidad, múltiples culturas compartiendo un espacio, pero la iglesia está llamada a una comunión reconciliada donde las diferencias no solo coexisten, sino que se transforman bajo el señorío de Cristo.
La multiculturalidad describe la presencia de múltiples culturas en un mismo espacio; la interculturalidad expresa la calidad de la relación entre ellas. No basta con coexistir. El llamado del evangelio es avanzar hacia relaciones transformadas por la paz de Cristo, donde las diferencias no se toleran pasivamente, sino que se integran activamente en una nueva identidad común. La iglesia no está llamada solo a ser multicultural por efecto demográfico, sino a volverse intercultural como expresión visible del reino.
Valores del reino: del margen al laboratorio
En contextos migratorios, cultura y evangelio pueden entrelazarse hasta confundirse. Sin embargo, el llamado cristiano no es preservar una cultura específica, sino encarnar los valores del reino. Jesús inauguró un reino caracterizado por justicia, misericordia y fidelidad. Los valores del reino no se definen por idioma o estilo litúrgico, sino por humildad, servicio y reconciliación (McKnight 2014, 24-26).
Cuando confundimos evangelio con tradición cultural, exigimos asimilación en lugar de discipulado. Pero cuando la iglesia cultiva los valores del reino, incluso el margen cultural se convierte en espacio formativo. El margen no es obstáculo, sino terreno fértil para la acción pastoral (Álvarez, 2025). Allí donde las culturas se encuentran y las identidades se tensan, el discipulado puede volverse más consciente y más cristocéntrico.
Implicaciones estratégicas
Primero, integrar a las familias en el proceso discipular: si la influencia parental es determinante, acompañar hogares es parte central del ministerio juvenil. Segundo, evaluar si nuestras prácticas reflejan reconciliación o asimilación. Tercero, crear espacios donde los jóvenes procesen identidad y fe sin que toda diferencia cultural sea leída como amenaza. Y cuarto, comprender la multiculturalidad como plataforma misional: en una sociedad fragmentada, una comunidad reconciliada no solo predica el evangelio; lo encarna.
Conclusión
Entre Babel y Pentecostés la iglesia debe elegir: uniformidad defensiva o una multiculturalidad reconciliada que anticipe el reino venidero.
La fe heredada puede preservar tradiciones; pero solo la fe apropiada puede sostener una iglesia capaz de reflejar la nueva humanidad creada en Cristo.
Sobre el autor
Matías Álvarez es licenciado en Educación en Chile y posee una Maestría en Divinidades por Azusa Pacific University. Actualmente es Director Asociado de Estrategias y Desarrollo en ATH. Docente y director de programas en la Facultad de Teología Bíblica en Montebello, California. Su labor académica y ministerial se centra en la formación teológica, el desarrollo del liderazgo en la pastoral juvenil y la reflexión bíblica aplicada a los contextos contemporáneos. Asimismo, es ministro ordenado por Free Methodist Church, USA, y ejerce como pastor de jóvenes en Confraternidad Cristiana en Azusa, junto a su esposa María José.
Fuente
Artículo publicado originalmente en Discipulado Generacional. Revista de investigación, edición 04: "Multiculturidad, Migración e Iglesia", e625 (abril-junio, 2026), páginas 45-46. Reproducido con la autorización del autor.





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