Pablo, Agustín y Lutero: qué tienen en común los tres hombres que más marcaron la teología cristiana

No fue el carisma. No fue la oportunidad histórica. Los tres estudiaron, y estudiaron en serio. Ese detalle explica más de lo que parece sobre por qué su influencia sigue viva siglos después.
Cuando pensamos en la relevancia y el impacto de la educación teológica, podemos hacernos una pregunta simple: ¿qué tienen en común Pablo de Tarso, Agustín de Hipona y Martín Lutero?.
Cada uno de ellos estudió, y cada uno tuvo una gran influencia en las generaciones siguientes. Esa respuesta, que parece obvia, ilustra de manera importante lo que conviene tratar aquí.
Pablo: el alumno de Gamaliel que pedía sus libros hasta el final
Para la mayoría es sabido que el apóstol Pablo ha sido el personaje más influyente en el pensamiento de la iglesia cristiana. Basta echarle un vistazo a cualquier libro de teología sistemática para darse cuenta de esto. Esos libros están llenos de citas de las cartas paulinas.
De acuerdo al libro de los Hechos, Pablo fue educado por Gamaliel (Hechos 22:3), descendiente de Hillel, uno de los rabinos más importantes de su época. Es decir, no recibió una formación improvisada ni marginal, sino la mejor disponible en su tradición.
Pero hay un detalle todavía más revelador. Pablo no solo estudió bajo Gamaliel, sino que el resto de su vida siguió siendo un estudioso. En una de sus últimas cartas, si es paulina, le dice a Timoteo que traiga los libros, mayormente los pergaminos (2 Timoteo 4:13). Un hombre al final de su camino, y lo que pide son sus libros.
No es sorpresa entonces que sus escritos hayan causado un impacto tan grande.
Agustín: el especialista en gramática y retórica
Nuestro segundo personaje, Agustín, se destacó en el estudio de las letras. Mostró un gran interés hacia la literatura griega clásica, que además poseía gran elocuencia. Sus primeros triunfos tuvieron como escenario Madaura y Cartago, donde se especializó en gramática y retórica.
Agustín es uno de los mayores exponentes de la teología paulina, y sus escritos han influido en la teología de la iglesia cristiana desde entonces. Fue además un escritor prolífico y sumamente influyente. Fue declarado Doctor de la iglesia en 1295 d.C.
Lo que vale la pena notar es que las herramientas que hicieron de Agustín un pensador tan penetrante, la gramática y la retórica, no eran herramientas "espirituales" en el sentido devocional del término. Eran disciplinas académicas rigurosas que él puso al servicio de la fe.
Lutero: una hoja de vida académica que sorprende
Martín Lutero es otro de los personajes influyentes en la historia de la iglesia cristiana de los últimos 500 años. ¿Qué sabemos de sus estudios?
Lutero se graduó como bachiller en 1502 y como máster en 1505, siendo reconocido como el segundo de mejor aprovechamiento entre 17 estudiantes. Luego, en 1508, recibió otro título de bachiller, pero esta vez en Biblia. Finalmente, en 1512 le fue conferido el título de Doctor en Biblia. Por si fuera poco, en 1515 comenzó a estudiar griego y hebreo para profundizar en el significado y los matices de las palabras en las Escrituras.
Esa última línea merece subrayarse. Un hombre que ya era Doctor en Biblia decidió aprender los idiomas originales para leer mejor. La Reforma no salió de un impulso; salió de una lectura muy cuidadosa hecha por alguien que se había preparado para leer bien.
La regla que se desprende
En pocas palabras, las personas que se preparan a través del estudio son generalmente quienes dejan un legado a las siguientes generaciones.
Cuando pensamos en nuestro pueblo hispano podemos decir que entre mejor educados estemos, tendremos más posibilidades de causar un mayor impacto. Pero conviene preguntar qué ha sucedido y qué está sucediendo con la educación de los hispanos.
El punto de partida no fue fácil
Históricamente, la educación teológica de los hispanos en los Estados Unidos ha enfrentado muchos retos. Rubén P. Armendáriz señala que en los años 1800 la educación teológica para los hispanos era marginal y paternalista. Describe el tipo de educación que recibían diciendo que era poca o no formal, que los métodos no tenían ninguna relación con el contexto hispano, y que el proceso de educación era acortado ya que el fin era solo proveerles lo esencial del trabajo pastoral práctico.
A pesar de todo esto, dice Armendáriz, los líderes que se levantaron en esos tiempos fueron personas con un gran celo y compromiso cristiano que sirvieron de modelo para la siguiente generación.
Los números del despertar
Afortunadamente estamos viviendo tiempos importantes en cuanto al despertar del pueblo hispano con respecto a la educación. Las estadísticas muestran que en los últimos años ha habido un incremento constante de personas inscritas en estudios de pregrado y posgrado, y más importante aún, se están graduando con licenciaturas, maestrías y doctorados.
El incremento es alentador. En 1972 solo había 264 hispanos estudiando en escuelas acreditadas por la Asociación de Escuelas de Teología (ATS). Para 1997 esa cifra había aumentado a 1.921 estudiantes. En términos porcentuales, el número creció de 0.8% a 2.9%.
Sin embargo, ese porcentaje no se ha mantenido a la par del crecimiento de la población hispana. A principios de la década de los 80 los hispanos representaban el 6.9% de la población, pero solo el 2% estaba inscrito en estudios teológicos superiores. Para los 90 el porcentaje subió a 2.9% en relación a la población hispana en los Estados Unidos. La comparación con otros grupos es elocuente: en 1996 la representación de asiático americanos era de 6.8% y la de afroamericanos de 8.5%.
Datos más recientes muestran un aumento en el número de hispanos que obtuvieron títulos de maestrías y doctorados. En el periodo 2014 a 2015 el número de hispanos con maestría fue de 58.684, comparado con 433.106 de la raza blanca y 87.265 de afroamericanos. De ese número, 37.335 fueron mujeres y 21.349 varones. En doctorados, en el mismo periodo, el número de hispanos fue de 11.257, comparado con 108.912 de la raza blanca y 13.278 de afroamericanos. De ese número, 6.246 fueron mujeres y 5.011 hombres.
¿Por qué es esto importante? Las proyecciones del crecimiento de la población hispana en los Estados Unidos indican que para el 2050 seremos el 29% de la población.
El problema del profesorado
Hay un punto que suele pasar desapercibido y que tiene consecuencias de largo plazo. En las universidades donde se enseña teología, la representación hispana continúa siendo baja. En 1991, del total de 2.706 profesores, solo 46 eran hispanos. Para 1997, del total de 2.979 profesores, solo 74 eran hispanos. Las últimas estadísticas disponibles de la ATS muestran que en 2018 el porcentaje de profesores a tiempo completo hispanos era de un poco más del 4%.
Esta falta de representación significa que en el currículum de las instituciones educativas difícilmente se reflejará el componente hispano. Segundo, es extremadamente difícil, o imposible, encontrar un mentor hispano en estas instituciones. Tercero, la falta de escritos de erudición por hispanos es notable y lamentable. Aunque ha habido un incremento en la producción de literatura por hispanos, todavía no vemos muchos escritos que no solo sean un componente extra del currículum sino que sean un componente esencial de este.
Una nota positiva para terminar
La educación teológica superior tiene efectos positivos en varias áreas, y esos cambios ya se están viendo, aunque hay que continuar el trabajo.
En el área académica, la presencia de profesores y profesoras hispanos tiene una influencia muy importante en los estudiantes hispanos. Afirma su identidad cultural, hace que crean en su propia capacidad y potencial, y hace que se sientan más cómodos al negociar con otros profesores y con la administración de la institución.
Además, la educación tiene efectos positivos a nivel local. Un liderazgo hispano educado tendrá una influencia positiva en la iglesia donde ministra. El líder clerical tiene una gran influencia en las opiniones y el comportamiento de la congregación, y es de esperarse que líderes clericales con mayor educación tengan un papel mucho más influyente sobre sus congregantes latinos en cuanto a sus perspectivas y conductas con respecto a la educación.
Hay mucho camino por recorrer todavía, pero el impacto es cada vez más notable. Pablo pidió sus libros. Lutero aprendió griego y hebreo cuando ya era doctor. La invitación sigue abierta.
Contenido basado en la revista Nuestra Jornada, tercera edición, año 2019, de la Asociación Teológica Hispana.





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