Cuatro piedras que cambiaron la conversación sobre la Biblia
- ATH

- hace 4 días
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Una estela hallada en Tebas, otra encontrada en el antiguo Moab, un obelisco negro en la capital de Asiria y una inscripción rota en Tel Dan. Cuatro hallazgos que aportan evidencia real, y una advertencia necesaria sobre lo que la arqueología no puede resolver.
A la mayoría de nosotros nos ha llegado alguna vez la noticia de un hallazgo arqueológico que, según se anuncia, cambiará por completo nuestro entendimiento de un evento o de un pasaje bíblico. Desafortunadamente, en la mayoría de las ocasiones esos hallazgos no son sino el resultado de los buenos deseos de alguien o, en el peor de los casos, del deseo de obtener unos minutos de fama.
Vale la pena entonces hacer el ejercicio contrario: mirar cuatro piezas que sí tienen peso, entender qué dicen exactamente, y luego decir con honestidad qué es lo que no dicen.
1. La estela de Merneptah
Se encuentra actualmente en el Museo de Egipto, en El Cairo. Fue hallada en la ciudad de Tebas en 1896 por el arqueólogo británico Flinders Petrie.
Su importancia es enorme por una razón muy concreta: es la evidencia extrabíblica más antigua que se posee de la presencia de Israel en Palestina, en las postrimerías del siglo XIII a.C. La estela nos habla de que ya para ese siglo hay un grupo al que otros pueblos, en este caso Egipto, reconocen como el pueblo de Israel.
Conviene ser preciso con el alcance del dato. No estamos hablando del pueblo de Israel habitando toda la tierra de Canaán, sino de un grupo de personas que Egipto identifica con ese nombre. Aun así, el dato va en contra de la idea de que el Antiguo Testamento no contiene información histórica antes del siglo VI a.C.
2. La estela de Mesha o estela moabita
Se encuentra actualmente en el Museo del Louvre, en Francia. Fue encontrada en 1868 en las tierras que pertenecieron al antiguo Moab, por F. A. Klein, y fue erigida probablemente a fines del siglo IX a.C.
Su importancia radica en que menciona los nombres de los reyes Omri y Mesha, de Israel y Moab respectivamente. El texto habla de la tensión que estos reinos tenían durante ese periodo. Es, en otras palabras, un documento de la época que confirma un escenario político que la Escritura también describe.
3. El obelisco negro de Salmanasar III
El obelisco está actualmente en el Museo de Londres. Fue hallado por el arqueólogo Austen Henry Layard en Kalhu, la antigua capital asiria.
Su importancia radica en la mención de Jehú, rey de Israel, quien en la piedra aparece postrado ante el rey asirio. El obelisco nos presenta a un rey de la casa de Omri rindiendo pleitesía al rey asirio. Ya el profeta Amós había dicho que Israel iría al exilio, y en su tiempo la amenaza de Asiria se había hecho sentir. Este dato arqueológico confirma la existencia de la casa de Omri y que sus descendientes ocuparon el trono después de él.
Aquí también hace falta una nota de cautela que los propios especialistas señalan. Cuando recién se hizo la traducción se decía que el rey era Jehú. Hoy en día algunos cuestionan si fue él u otro rey, ya que Jehú no es descendiente de Omri, y a quien el texto presenta es a un "hijo de Omri".
4. La inscripción de Tel Dan
Se encuentra actualmente en el Museo de Israel, en Jerusalén. Fue hallada en una expedición arqueológica en Tel Dan entre 1993 y 1994.
Su importancia radica en que provee, al menos, una prueba de la posible existencia de David. La inscripción menciona "la casa de David". El descubrimiento ocurrió en un periodo en que algunas personas se cuestionaban la existencia de David, entre otros personajes bíblicos.
Para la mayoría de las personas de la iglesia, que David reinó sobre Israel es una obviedad. Pero algunos académicos de tendencia minimalista habían llegado a dudar de la historicidad de David. Este hallazgo, aunque no prueba todo lo que el relato bíblico nos dice, sí nos da indicios de la historicidad de ese importante relato.
La otra mitad de la historia
Aquí conviene detenerse. La arqueología bíblica se inició con el fin de obtener más información acerca del trasfondo histórico de los eventos que el texto bíblico nos presenta. En algún momento ese ideal se veía como alcanzado. Así parecía sugerirlo Werner Keller con la publicación de su libro The Bible as History: Archeology confirms the books of the Bible en 1965, cuyo título original en alemán es todavía más sugestivo: Und die Bibel hat doch recht, es decir, Y la Biblia tenía razón, publicado en 1955.
La intención era buena y el propósito era loable, pero eventualmente los arqueólogos comenzaron a darse cuenta de que la arqueología no respondía, al menos no de la manera esperada, a todas las preguntas que el texto bíblico genera.
La razón de esto es doble. Por un lado, los hallazgos arqueológicos no podían, por sí mismos, dar veracidad a cada detalle del texto bíblico. Los hallazgos, aunque numerosos, no cubren cada detalle. Por otro lado, algunos de los hallazgos generaron más preguntas en cuanto al texto o a los eventos, y esas preguntas produjeron reacciones encontradas entre eruditos.
Un indicio de ese desconcierto se ve en el hecho de que la revista especializada Biblical Archeologist, fundada en 1938 por G. Ernest Wright, cambió de nombre a Near East Archeology. Wright, junto a William F. Albright, fue una de las figuras prominentes del movimiento de arqueología bíblica.
Estas limitaciones provocaron el surgimiento de un grupo conocido como los "minimalistas", quienes no creen que el Antiguo Testamento provea datos históricos confiables. En su opinión, el Antiguo Testamento no provee información confiable en sus historias que datan de antes del siglo VI antes de Cristo.
Afortunadamente ese grupo no es el único que existe. Hay otros eruditos con una perspectiva más balanceada que, aunque concuerdan en que la arqueología no responde a todos los interrogantes que el texto presenta, creen que la arqueología sí nos ha provisto de varios hallazgos que arrojan luz, o proveen indicios, de que las historias bíblicas con las cuales están relacionadas tienen un trasfondo histórico.
La conclusión que conviene sostener
La cautela al analizar los hallazgos arqueológicos es siempre importante. Los hallazgos no contestan todas las interrogantes que tenemos en cuanto a los eventos presentados en el texto bíblico. Además, los críticos están constantemente revisando las hipótesis basadas en dichos hallazgos, y en muchas ocasiones presentan nuevas hipótesis basadas en nuevos aportes arqueológicos o en nuevos métodos de análisis.
Usada correctamente, la arqueología puede ser una aliada en el estudio de la Biblia. Esa es la frase que conviene llevarse, porque contiene las dos partes: aliada, sí; usada correctamente, también.
Contenido basado en la revista Nuestra Jornada, segunda edición, año 2018, de la Asociación Teológica Hispana.




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