Raíces: la reunión de 1973 que dio origen a ATH
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Todo empezó con una tesis doctoral incómoda, un comité de la ATS y una proyección alarmante: si nada cambiaba, la cantidad de ministros hispanos ordenados iba a caer de forma catastrófica. Esta es la historia de cómo un grupo de líderes decidió que eso no ocurriera.
El 19 de abril de 1973 se realizó la primera reunión de un comité nuevo, formado por la Association of Theological Schools (ATS), la agencia acreditadora de estudios teológicos superiores, bajo el liderazgo del Dr. Jesse H. Ziegler. Su nombre oficial era largo y sonaba burocrático: Pacific Coast Regional Hispanic Committee / Association of American Theological Schools.
Lo que ocurrió en ese comité, sin embargo, no tuvo nada de burocrático. Fue el punto de partida de lo que hoy conocemos como la Asociación Teológica Hispana.
El diagnóstico que encendió la alarma
El catalizador fue la tesis doctoral del Dr. Cecilio Arrastía, que produjo una inquietud solemne al declarar las inmensas necesidades teológicas y educacionales del pueblo hispano.
La preocupación principal del comité era muy concreta: la ordenación de ministros hispanos que no tenían una educación teológica formal de posgrado. El problema tenía una lógica de embudo difícil de romper. Tanto entonces como hoy, las denominaciones históricas requieren de sus candidatos a la ordenación una Maestría en Divinidades (M.Div.). Y el requisito de ingreso a los estudios del M.Div. es una Licenciatura (B.A.) acreditada. El problema es que la vasta mayoría de hispanos no contaba con una licenciatura. La educación teológica formal era muy limitada, casi inexistente para los hispanos en esos días.
Las conclusiones de la ATS bajo la dirección de Arrastía proyectaban una baja catastrófica de ministros hispanos ordenados. No era una preocupación abstracta. Era una proyección demográfica y ministerial sobre una comunidad que crecía mientras su liderazgo formado se estancaba.
Una batalla que se perdió y una puerta que se abrió
El propósito del comité era facilitar una educación teológica en contexto a favor del pueblo hispano. Y aunque el catalizador había sido el estudio pedido por la propia ATS, la lucha principal del comité terminó siendo con esa misma agencia acreditadora.
En sus reglas generales, la ATS insistía en que las instituciones reflejaran la etnicidad de la comunidad donde estaban situadas. En una cláusula de admisiones, la ATS establecía que cada programa podía admitir hasta el 10% de estudiantes sin licenciatura. El comité pidió un porcentaje mayor para reflejar adecuadamente el contexto geográfico y cultural hispano.
Esa batalla nunca se ganó.
Lo que el comité decidió entonces fue apelar a Fuller Theological Seminary para iniciar un proyecto piloto de educación para los hispanos. La idea era que un programa piloto exitoso podría hacer la diferencia. No fue el caso, pero igual el comité resolvió junto a Fuller que el seminario hiciera excepciones de admisión a hispanos sin licenciatura.
Esos candidatos eran considerados "estudiantes especiales" y debían cumplir cuatro condiciones: tener conocimiento del idioma inglés, ser residente legal, ser mayor de 30 años de edad, y ser ministro practicante por cinco años en lugar de una licenciatura. Todo esto bajo el rubro del 10%, por supuesto. El título que obtenían era una Maestría en Artes, no un M.Div.
El avance real vino después. En unos años, Claremont School of Theology y la Graduate School of Theology de Azusa Pacific admitieron hispanos a sus programas con sus propios reglamentos de admisiones, directamente al M.Div.
Los nombres detrás del comité
Fue en este comité donde se conoció el liderazgo hispano de diferentes denominaciones. La lista de los gigantes de esa época incluía a Cecilio Arrastía, H. O. Espinoza, Eduardo Font, Jorge Gay, Ismael Amaya, José Arregin, Clifton Holland, David Luna, Ezequiel Monterroso, Jorge Taylor, Vernin Doerksen, Samuel Hernández, Oscar García, Jesse Miranda, Ross Kinsler, Fernando Gómez, Rafael Aragón, Herario Alonzo, Antonio Fernández, Elías Galván, James Duren, Rodelo Wilson, Eugene Siwak y Armando Ramírez, entre otros.
Vale la pena leer esa lista despacio. Muchos de esos nombres siguen apareciendo décadas después en seminarios, denominaciones y publicaciones del mundo hispano en Estados Unidos.
De comité a institución
Pese al éxito numérico y académico del programa piloto, la ATS no cedió un cambio de póliza. El comité siguió trabajando y se reorganizó como entidad legal en el Estado de California bajo el nombre de Asociación Hispana para la Educación Teológica (AHET), el 11 de septiembre de 1984.
Desde entonces, AHET creó un compañerismo de personas interesadas en la educación teológica de hispanos, representando a las mayores denominaciones y agencias educacionales del Sur de California. Auspició convocaciones y seminarios dirigidos específicamente a los asuntos educacionales que enfrentaba la iglesia y la comunidad hispana en el Sur de California, y organizó proyectos especiales que beneficiaron a las organizaciones afiliadas y a la comunidad cristiana en general. Fue por el esfuerzo del comité que se logró obtener de PEW una suma de dinero para continuar las actividades educacionales en la región.
Documentar a una comunidad
Durante 1985 y 1986, AHET participó en la recopilación de datos publicando el Directorio de Iglesias Protestantes Hispanas del Sur de California, con la cooperación de ILAS (Institute for Latin American Studies, William Carey International University), PROLADES (Programa Latinoamericano de Estudios Socioreligiosos) y Visión Mundial / USA Ministries.
También publicó el libro Hacia Una Historia de la Iglesia Evangélica Hispana del Sur de California, con la participación de doce autores que contribuyeron un capítulo cada uno sobre la historia de su denominación. El borrador del libro fue preparado en julio de 1988, la edición revisada preliminar salió en agosto de 1991, y la publicación en español fue completada en marzo de 1993 bajo el liderazgo del editor, Dr. Rodelo Wilson.
El nombre que hoy conocemos
En 2001 la organización se reorganizó como Asociación Teológica Hispana (ATH), continuando con la misión de servir al pueblo hispano ofreciendo talleres, conferencias y publicaciones, y con la tarea central de certificar y avalar facultades e institutos bíblicos hispanos, además de identificar y recomendar instituciones de posgrado con programas de maestría y doctorados en español.
Por qué esta historia importa hoy
Hay una tentación de leer la historia institucional como una sucesión de fechas y siglas. Pero lo que hay aquí es otra cosa: un grupo de líderes que identificó un cuello de botella real, peleó una batalla regulatoria que perdió, y de todas formas encontró caminos alternos para que pastores y ministros hispanos pudieran estudiar.
Casi cinco décadas después, ese trabajo sigue teniendo la misma forma. Abrir puertas donde no las hay, y asegurar que lo que se enseña del otro lado de esas puertas tenga calidad verificable.
Contenido basado en la revista Nuestra Jornada, tercera edición, año 2019, de la Asociación Teológica Hispana
Nota: las ediciones de la revista consignan de manera indistinta 1973 y 1974 como año fundacional. Este artículo sigue la fecha del acta de la primera reunión del comité: 19 de abril de 1973.




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